Stalin
Stalin Ciertamente, en las instituciones de enseñanza zaristas muchos jóvenes librepensadores se vieron obligados a llevar una doble vida. Pero esto se refiere principalmente a universidades, donde el régimen se distinguía, a pesar de todo, por una libertad considerable, y la hipocresía oficial estaba reducida a un mínimo ritual. En las escuelas secundarias, esta divergencia era más difícil de sostener, pero no solía durar más de un año o dos, y luego el joven veía ante sí las puertas de la Universidad, con su relativa libertad académica. La situación docente seglar, donde los alumnos están sujetos a vigilancia sólo una parte del día, y la llamada «Religión» era tan sólo una de las asignaturas secundarias; sino en una institución religiosa cerrada, donde todo en su vida se hallaba sometido a las exigencias de la Iglesia y donde no daba un paso a espaldas de los monjes. Para soportar este régimen durante siete, o siquiera cinco años, se necesitaba una cautela extraordinaria y excepcionales aptitudes de disimulo. Durante los años de su permanencia en el Seminario, nadie advirtió el menor signo de protesta expresa, ningún atrevido acto de insubordinación por su parte. José se reía de sus profesores a hurtadillas, pero nunca se mostró imprudente en su misma cara. No agredió a ningún pedagogo patriotero, como había hecho Dzhibladze; lo más que hizo fue contestar «con una risita desdeñosa». Su hostilidad era reservada, solapada, vigilante. El seminarista Pomyalovsky, durante su vida de interno, fue infectado, según oímos, de «recelo, reserva, enemistad y odio hacia el medio circundante». Casi la misma actitud, pero aún más pronunciada, dice Iremashvili, era característica de Koba. En 1899 dejó el Seminario, llevando consigo «una hostilidad rencorosa y feroz contra la administración docente, contra la burguesía, contra todo cuanto existía en el país y encarnaba el zarismo. Odio contra toda autoridad».