Stalin

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En un momento de grave peligro, el 2.11 Regimiento de Petrogrado, que ocupaba un sector decisivo, abandonó el frente por su propia iniciativa, capitaneado por su comandante y su comisario, tomó un vapor fluvial y bajó por el Volga desde las cercanías de Kazan en dirección a Nijni-Novgorod. El barco fue detenido orden mía, y los desertores sometidos a un Consejo de guerra. El comandante y el comisario del regimiento fueron fusilados. Este fue el primer caso de fusilamiento de un comunista, el comisario Panteleyev, por violación de los deberes militares. En diciembre de 1918, Pravda publicó un artículo que, sin mencionar mi nombre, pero sin duda aludiéndome, se refería al fusilamiento de los «mejores camaradas sin formación de causa». El autor del artículo, un tal A. Kamensky, era en sí una figura de escasa importancia, ostensiblemente un mero peón, un testaferro. Parecía incomprensible que un artículo que encerraba acusaciones tan duras y trascendentes pudiera publicarse en el órgano central. Su director era Bujarin, comunista de izquierda y, por ello, opuesto al empleo de «generales» en el Ejército. Pero, especialmente entonces, era incapaz de intrigar. El enigma se resolvió cuando pude descubrir mediante la oportuna investigación, que el autor del artículo, o más bien su firmante, A. Kamensky, estuvo en la Plana Mayor del X Ejército, y a la sazón se hallaba bajo la influencia directa de Stalin. No cabe duda de que Stalin gestionó subrepticiamente la publicación del artículo. La misma terminología de la acusación; la descarada referencia al fusilamiento de «los mejores camaradas», y, además, «sin formación de causa», era sorprendente por la monstruosidad de la invención y por su inherente absurdidad. Pero, precisamente esta desvergonzada exageración de cargos, revelaba a Stalin, el organizador de los futuros juicios de Moscú. El Comité Central arregló el asunto. Recuerdo que se reprendió al Consejo de dirección y a Kamensky, pero la mano intrigante de Stalin permaneció invisible.


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