Stalin

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El VIII Congreso del Partido celebró sesiones desde el 18 hasta el 23 de marzo de 1919, en Moscú. La víspera misma del Congreso los blancos nos infligieron una fuerte derrota cerca de Ufa. Dando de lado al Congreso, resolví acudir inmediatamente al frente oriental. Después de sugerir el regreso de los delegados militares al frente, sin demora me preparé para ir a Ufa. Algunos de los delegados estaban descontentos: habían ido a la capital con unos días de licencia, y no querían desperdiciarlos. Alguien ideó el rumor de que yo trataba de evitar debates sobre política militar. Aquel embuste me sorprendió. Presenté una propuesta en el Comité Central el 16 de marzo de 1919, para anular la orden de regreso inmediato al frente de los delegados militares, confié la defensa de la política militar a Sokolnikov y partí en el acto para el Este. La discusión de los asuntos militares en el VIII Congreso, a pesar de la presencia de una oposición muy crecida, no me disuadió: la situación del frente me parecía mucho más importante que las maniobras electorales en el Congreso, especialmente porque no tenía duda de que la política que consideraba la única correcta había de triunfar por sus propios méritos. El Comité Central aprobó la tesis que previamente había presentado yo, y nombró a Sokolnikov informante oficial sobre ella. El informe de la oposición corrió a cargo de V. M. Smirnov, viejo bolchevique y ex oficial de Artillería en la Guerra Mundial. Smirnov era uno de los dirigentes de la izquierda comunista, adversarios resueltos de la paz de Brest-Litovsk, y había pedido que se emprendiese una guerra de guerrillas contra el Ejército regular alemán. Esto constituyó siempre la base de su programa hasta 1919, aunque a decir verdad, algo se había enfriado en el intervalo. La formación de un Ejército centralizado y regular era imposible sin especialistas militares y sin sustituir la improvisación por una dirección apropiada y sistemática. Los comunistas de izquierda, calmados ya hasta cierto punto, trataban de adaptar sus opiniones de ayer al crecimiento de la máquina estatal y las necesidades del Ejército regular. Pero cedían su terreno palmo a palmo, utilizando cuanto podían de su antiguo bagaje, y cubriendo sus tendencias esencialmente guerrillistas bajo nuevas fórmulas.


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