Stalin
Stalin Esta era una concesión necesaria a Stalin y Zinoviev. No había más remedio que aceptarla. [En cuanto a Kostyayev, aquel habilísimo] general tampoco me inspiraba confianza. Daba la impresión de un extraño entre nosotros. Sin embargo, Vatzetis salió en su defensa y Kostyayev secundó bastante bien al irascible y caprichoso general en jefe. No era cosa fácil remplazar a Kostyayev. [Además] no había hechos en contra suya. La frase «un documento cogido a los suizos» carecía de sentido, pues nunca volvió a figurar en ninguna parte. En todo caso, se advertía al punto el propósito de asociar a Kostyayev con la traición de cualquiera de los regimientos organizados bajo la mirada vigilante del Partido mismo. En cuanto a Nadezhin, tuvo ocasión de mandar al VII Ejército, el que [salvó realmente] a Petrogrado [en el momento crítico]. Y la culpa de Okulov consistía simplemente en su riguroso empeño por cumplir lo más fielmente posible todas las órdenes y reglamentos, y en su decidida repugnancia a participar en intriga alguna contra el Centro. [Respecto al] tono provocativamente perentorio y osado de Stalin, se explica por el hecho de que se daba cuenta de haber encontrado al fin apoyo efectivo en el Consejo de Guerra del frente Este, donde el descontento hacia el general en jefe estaba desviando hacia mí.