Stalin
Stalin Es cierto que dejé el frente Sur hacia el 10 de octubre, y fui a Petrogrado. Nuestro contraataque en el frente Sur debió haber comenzado el 10 de octubre. Todo estaba preparado; la concentración de unidades para atacar se hallaba casi terminada, y mi presencia era mucho más necesaria en torno a Petrogrado, que estaba en trance mortal de ser ocupada por Yudenich. Repasando más de tres años de guerra civil y examinando los periódicos y la correspondencia de mis viajes por todos los frentes, veo que casi nunca tuve ocasión de acompañar a un Ejército victorioso, de participar en un ataque, de compartir directamente las victorias con otros. Mis viajes no tenían carácter de turismo. Sólo acudía a los sectores en situación crítica después de haber roto el enemigo nuestras líneas. Mi tarea era convertir los regimientos fugitivos en fuerza atacante. Yo me retiraba con las fuerzas, pero nunca avancé con ellas. Tan pronto como las descalabradas divisiones se reordenaban y el mando daba la señal de avance, me despedía del Ejército para ir a otro sector apurado, o bien regresaba por unos días a Moscú para resolver los problemas acumulados del Centro. Así, durante tres años no tuve literalmente una sola ocasión de ver las caras felices de los soldados después de una victoria, ni de entrar con ellos en las ciudades conquistadas. [Por eso, como Stalin no podía menos de saber], no visité el frente Sur siquiera una vez en todo el período de nuestra victoriosa ofensiva allí después de mediados de octubre. El fraude de Stalin está, pues, en dar a un hecho innegable una significación totalmente falsa.