Stalin

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El 30 de abril escribí al Comité Central del Partido: «Precisamente por tratarse de una lucha a vida o muerte, tendrá un carácter sumamente intenso y riguroso.» Por consiguiente, era necesario «estimar la guerra con Polonia, no sólo como simple tarea del frente occidental, sino como tarea central de toda la Rusia trabajadora y campesina». El 2 de mayo hice difundir por la Prensa un telegrama contra las esperanzas exageradamente optimistas de una revolución en Polonia: «Que la guerra terminará por la revolución obrera en Polonia, no puede dudarse; pero, al mismo tiempo, no hay base para suponer que la guerra comience por una revolución semejante... Sería extremadamente frívolo pensar que la victoria... va a caer sencillamente en nuestras manos.» El 5 de mayo, en un informe a la reunión conjunta de todas las instituciones soviéticas, dije: «Sería grave error suponer que la historia va a comenzar desencadenando en nuestro obsequio la revolución de los trabajadores en Polonia y librándonos así de la necesidad de sostener una contienda armada. —Y terminaba—: Camaradas, quisiera que os llevaseis de esta reunión, como conclusión capital, la idea de que la lucha que nos amenaza ha de ser dura y enconada.» Todas mis órdenes militares y manifestaciones públicas de aquel tiempo estaban impregnadas de esta idea. «Actualmente, el frente Oeste es el más importante frente de la República —dice una orden de 9 de mayo, firmada por mí en Smolensko—. Los órganos de abasto deben prepararse para una campaña nada fácil ni breve, sino por el contrario, larga y porfiada.» Yo era opuesto a la marcha sobre Varsovia porque, considerando la debilidad de nuestras fuerzas y nuestros recursos, sólo podía terminar con fortuna si en Polonia misma estallara una insurrección, y no había seguridad alguna cae que tal ocurriese. Ya he explicado la esencia del conflicto en mi autobiografía.


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