Stalin
Stalin CAPÍTULO XI
DE LA OSCURIDAD AL
TRIUNVIRATO
El final de la guerra civil encontró a Stalin en la sombra, políticamente. Los segundones del Partido le conocían, desde luego, pero no le consideraban uno de los dirigentes de importancia. Para la base del Partido era uno de los miembros menos conocidos del Comité Central, a pesar de pertenecer al todopoderoso Politburó. El país, en general, había oído hablar muy poco de él. El mundo extrasoviético ni siquiera sospechaba su existencia. Pero en menos de dos años su dominio sobre la máquina política del Partido se había hecho tan formidable, y su influencia se juzgaba tan lesiva para Lenin, que éste, a primeros de marzo de 1923, rompió con él toda «relación de camaradería». Pasaron otros dos años, y Trotsky, el más eminente, aparte Lenin, de los adalides de la Revolución de octubre y del Gobierno de los Soviets, había sido relegado por la máquina de Stalin a una posición política precaria. No sólo llegó Stalin a ser miembro del triunvirato que regía el Partido en lugar del doliente Lenin, sino que se convirtió en el más poderoso de los triunviros y después en único sucesor de Lenin. Además, con los años adquirió un poder mucho mayor que el ejercido jamás por Lenin: de hecho, más autoridad absoluta que ninguno de los zares en la larga historia del régimen absoluto en Rusia.