Stalin
Stalin Cada fase de desarrollo, incluso las catastróficas, como la revolución y la contrarrevolución, es una consecuencia de la fase precedente, en donde está arraigada y a la cual se asemeja. Después de la victoria de octubre, hubo escritores que sostenían que la dictadura del bolchevismo era simplemente una nueva versión del zarismo, negándose, al estilo del avestruz, a reconocer la abolición de la monarquía y de la nobleza, la extirpación del capitalismo y la introducción de la economía planificada, la abolición de la Iglesia estatal, y la educación de las masas en los principios del ateísmo, la abolición del señorío agrario y la distribución de la tierra a los verdaderos cultivadores del suelo. De manera análoga, después, del triunfo de Stalin sobre el bolchevismo, muchos de los mismos escritores (como Webbs, los Wells y los Laskis, que primero criticaron el bolchevismo para convertirse luego en propagandistas viajeros del estalinismo) cerraron los ojos al hecho cardinal e inflexible de que, a pesar de las medidas de represión utilizadas por imperio de circunstancias especiales, la Revolución de octubre acarreó una subversión de relaciones sociales en los intereses de las masas trabajadoras; mientras que la contrarrevolución estalinista ha iniciado subversiones sociales que continuamente van transformando el orden social soviético en provecho de una minoría privilegiada de burócratas termidóricos. Igualmente insensibles a los hechos elementales son ciertos renegados del comunismo, muchos de ellos satélites de Stalin en otra época, que con las cabezas bien hundidas en la arena de su amarga desilusión, no advierten que, a pesar de semejanzas superficiales la contrarrevolución acaudillada por Stalin se diferencia en ciertos definidos puntos esenciales de las contrarrevoluciones de los caudillos fascistas; no echan de ver que la diferencia tiene su raíz en la disparidad entre la base social de la contrarrevolución de Stalin y la base social de los movimientos reaccionarios dirigidos por Mussolini y Hitler, y que guarda paralelismo con la que existe entre las dictaduras del proletariado, aun desfiguradas por el burocratismo termidórico, y la dictadura de la burguesía, entre un Estado de trabajadores y un Estado capitalista.