Stalin
Stalin Muchos adversarios míos han admitido que este último libro se ha compuesto a base de hechos ordenados en forma escolar. Un revistero del New York Times tildaba el libro de parcial; pero todo su ensayo mostraba que estaba indignado con la Revolución rusa y transfería su indignación al historiador de ella. Esta es la aberración usual de toda clase de subjetivistas liberales que sostienen una querella perpetua con el curso de la lucha de clases. Irritados por el desenlace de cualquier proceso histórico descargan su destemplanza sobre el análisis científico que expone la inevitabilidad del mismo. En fin de cuentas, el juicio emitido sobre el método del autor es más pertinente que la cuestión de si todas las conclusiones del autor o sólo una parte de ellas han de tenerse por objetivas. Y en este aspecto, el que esto escribe no teme a la crítica. Esta obra se compone de hechos y está sólidamente fundada en documentos. Es evidente que podrán halarse errores de menor cuantía y ligeras faltas de énfasis o de interpretación defectuosa. Pero lo que nadie encontrará en esta obra es una actitud inconsciente frente a hechos, omisión deliberada de pruebas documentales o conclusiones arbitrarias basadas únicamente en prejuicios personales. El autor no ha pasado por alto un solo hecho, documento o fragmento testifical que redunde en beneficio del héroe de este libro. Si no es objetividad un afanoso completo y concienzudo acopio de hechos, aún de episodios minúsculos, la comprobación de las aseveraciones de testigos, con ayuda de hechos de nuestra vida personal en relación con la del papel de nuestro héroe en el proceso histórico, habremos de preguntar: ¿Qué es objetividad?