Stalin
Stalin Su ambición adquirió un tinte de asiática incultura, intensificada por la técnica europea. Le era indispensable que la Prensa le ensalzase a diario con extravagancia, publicara sus retratos, se refiriera a él con el más mÃnimo pretexto, e imprimiese su nombre en grandes titulares. Hoy, hasta los telegrafistas saben que no deben admitir un telegrama dirigido a Stalin en que no se le llame padre del pueblo, o el gran maestro, o genio. La novela, la ópera, el cine, la pintura, la escultura, incluso las exposiciones agrÃcolas, todo ha de girar en torno a Stalin como en torno a su eje. La literatura y el arte de la época estalinista pasarán a la historia como ejemplo del más absurdo y abyecto bizantinismo. [En 1925, Stalin estaba resentido con Lunacharsky porque éste habÃa dejado de mencionarle en un libro suyo como uno entre muchos pronombres. Pero unos doce o más años después] el gran escritor [ruso] Alexis Tolstoy, que lleva el nombre de uno de los más insignes y más independientes escritores del paÃs, escribÃa a propósito de Stalin:
Tú, refulgente sol de las naciones,
sol sin ocaso de nuestra época,
y más que el sol, pues el sol no es sapiente...