Su moral y la nuestra

Su moral y la nuestra

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En Rusia apareció, a fines del siglo pasado, toda una escuela de "marxistas" (Struve, Berdiaiev, Bulgakov y otros) que quisieron completar la enseñanza de Marx por medio de un principio moral autónomo, es decir, colocado por encima de las clases. Esas gentes partían, claro está, de Kant y del imperativo categórico. ¿Y cómo acabaron? Struve es ahora un antiguo ministro del barón Wrangel y un buen hijo de la Iglesia. Bulgakov es sacerdote ortodoxo. Berdiaiev interpreta, en diversas lenguas, el Apocalipsis. Una metamorfosis tan inesperada, a primera vista, no se explica de ningún modo por el "alma eslava" -Struve, por lo demás, tiene el alma germánica - sino por la magnitud de la lucha social en Rusia. La tendencia fundamental de esa metamorfosis es en realidad internacional.

El idealismo filosófico clásico, en la proporción en que tendió, en su época, a secularizar la moral, es decir, a emanciparla de la sanción religiosa, fue un enorme paso hacia adelante (Hegel). Pero una vez desprendida de los cielos, la moral tuvo necesidad de raíces terrestres. El descubrimiento de esas raíces fue una de las tareas del materialismo. Después de Shaftesbury, Darwin; después de Hegel, Marx. Invocar hoy las "verdades eternas" de la moral es tratar de -hacer que la rueda dé vueltas al revés. El idealismo filosófico sólo es una etapa: de la religión al materialismo o, por el contrario, del materialismo a la religión.


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