Su moral y la nuestra
Su moral y la nuestra Esas breves observaciones bastan sin duda para mostrar cuánta ignorancia y cuánta cortedad se necesitan para tomar en serio la oposición entre el principio "jesuítico": "el fin justifica los medios", y el otro, inspirado por supuesto en una moral más elevada, según el cual cada "medio" lleva su pequeño marbete moral, lo mismo que las mercancías en los almacenes de precio fijo. Es notable que el sentido común de filisteo anglosajón consiga indignarse contra el principio "jesuítico", mientras él mismo se inspira en la moral del utilitarismo, tan característico de la filosofía británica. Sin embargo, el criterio de Bentham, John Mill - "la mayor felicidad posible para el mayor número posible"- significa: morales son los medios que conducen al bien general, fin supremo. Bajo su enunciado filosófico general, el utilitarismo anglosajón coincide así plenamente con el principio "jesuítico": "el fin justifica los medios". El empirismo - como vemos - existe en este mundo para libertar a las gentes de la necesidad de juntar los dos cabos del razonamiento. Herbert Spencer, a cuyo empirismo Darwin había inoculado la idea de "evolución" del mismo modo que se vacuna contra la viruela, enseñaba que en el dominio de la moral la evolución parte de las "sensaciones" para llegar hasta las "ideas". Las sensaciones imponen criterio de satisfacción inmediata, mientras que las ideas permiten guiarse conforme a un criterio de satisfacción futura, más durable y más elevada. El criterio de la moral es así, aquí también, la "satisfacción" o la "felicidad". Pero el contenido de este criterio se ensancha y profundiza según el nivel de la "evolución". Así, hasta Herbert Spencer, por los métodos de su utilitarismo "evolucionista", ha mostrado que el principio: "el fin justifica los medios" no encierra, en sí mismo, nada inmoral.