Su moral y la nuestra
Su moral y la nuestra La reacción social, en cualquiera de sus formas, se ve obligada a ocultar sus fines verdaderos. Mientras más brutal sea la transición de la revolución a la reacción, más depende la reacción de las tradiciones de la revolución; es decir, más teme a las masas y tanto más se ve forzada a recurrir a la mentira y a la falsificación, en la lucha contra los representantes de la revolución. Las falsificaciones stalinistas no son fruto de la "amoralidad" bolchevique; no, como todos los acontecimientos importantes de la historia, son producto de una lucha social concreta; por lo demás, la más pérfida y cruel que exista: la lucha de una nueva aristocracia contra las masas que la han elevado al poder.
Se necesita, en realidad, una total indigencia intelectual y moral para identificar la moral reaccionaria y policíaca del stalinismo con la moral revolucionaria del bolchevismo. El partido de Lenin ha cesado de existir desde hace mucho tiempo: se ha roto contra las dificultades interiores y contra el imperialismo mundial. Su sitio ha sido tomado por la burocracia stalinista, que es un mecanismo de transmisión del imperialismo. En la liza mundial, la burocracia ha substituido la lucha de clases por la colaboración de clases, el internacionalismo por el social-patriotismo. Para adaptar el partido director a las tareas de la reacción, la burocracia ha "renovado" su composición, por medio del exterminio de revolucionarios y el reclutamiento de arribistas.