Su moral y la nuestra
Su moral y la nuestra Stalin manda prender y fusilar a los hijos de sus adversarios, después de haber mandado que ellos mismos sean fusilados bajo falsas acusaciones. Las familias le sirven de rehenes, para obligar a volver del extranjero a los diplomáticos soviéticos que quisieren permitirse alguna duda sobre la probidad de Yagoda o de Iezhov. Los moralistas de la Neuer Weg creen necesario y oportuno recordar con este motivo que Trotsky se sirvió, "él también", en 1919, de una Ley de Rehenes. Y aquí es preciso citar textualmente: "La aprehensión de familias inocentes por Stalin es de una barbarie repugnante. Pero semejante cosa sigue siendo una barbarie cuando es Trotsky el que manda" (1919). ¡He ahí la moral idealista en toda su belleza! Estos criterios son tan falaces como las normas de la democracia burguesa: se supone en ambos casos la igualdad, en donde no hay ni sombra de igualdad.
