Su moral y la nuestra
Su moral y la nuestra La acusación más conocida y más impresionante dirigida contra la "amoralidad" bolchevique se apoya en la supuesta regla jesuítica del bolchevismo: "el fin justifica los medios". De ahí no es difícil extraer la conclusión siguiente: Puesto que los trotskystas, como todos los bolcheviques (o marxistas) no reconocen los principios de la moral, consecuentemente, entre trotskysmo y stalinismo no existen diferencias "principiales". Que es lo que se quería demostrar.
Un semanario norteamericano, no poco vulgar y cínico, emprendió, a propósito del bolchevismo, una pequeña encuesta, que, como de costumbre, había de servir a la vez la ética y la publicidad. El inimitable H. G. Wells, cuya homérica suficiencia siempre ha sido todavía mayor que su imaginación extraordinaria, se apresuró a solidarizarse con los snobs reaccionarios del Common Sense. Todo esto está en el orden natural. Aquellos de entre los participantes de la encuesta que juzgaron conveniente tomar la defensa del bolchevismo, no lo hicieron, en la mayoría de los casos, sin tímidas reservas: Los principios del marxismo son, naturalmente, majos; pero se encuentra uno entre los bolcheviques a hombres excelentes (Eastman). En verdad, hay "amigos" más peligrosos que enemigos.
