Su moral y la nuestra
Su moral y la nuestra Habiéndose embrollado en sus contradicciones, el moralista tratará probablemente de repetir que la lucha "declarada" y "consciente" es una cosa, mientras que apoderarse de personas que no participan en ella, es otra. Este argumento no es, sin embargo, más que una lamentable y estúpida escapatoria. Combatieron en el campo de Franco decenas de millares de hombres engañados y alistados por la fuerza. Las tropas republicanas mataron a estos desdichados prisioneros del general reaccionario. ¿Era esto moral o inmoral? Además, la guerra actual, con la artillería de largo alcance, la aviación, los gases, en fin, con su cortejo de devastaciones, de hambres, de incendios, de epidemias, entraña, inevitablemente, la pérdida de centenas de millares y de millones de seres que no participan directamente en la lucha, entre los cuales se cuentan ancianos y niños. Como rehenes, se toman, por lo menos, personas ligadas por una solidaridad de clase o de familia a un campo determinado o a los jefes de éste. Al tomar rehenes es posible hacer conscientemente una elección. El proyectil lanzado por el cañón o arrojado desde el avión va al azar y puede exterminar, no sólo enemigos, sino también amigos, o padres o hijos de ellos. Entonces, ¿por qué nuestros moralistas aíslan, pues, la cuestión de los rehenes y cierran los ojos ante todo el contenido de la guerra civil? Porque no es valor lo que les sobra. Siendo de "izquierda", temen romper con la revolución; siendo pequeño-burgueses, temen cortar los puentes con la opinión pública oficial. Gracias a la condenación del sistema de rehenes, se sienten en buena sociedad, contra los bolcheviques. Respecto a España, cobardemente callan. Contra el hecho de que los obreros españoles, anarquistas o poumistas, hayan capturado rehenes, V. Serge protestará… dentro de veinte años.