Su moral y la nuestra
Su moral y la nuestra El ex pacifista, el ex comunista, el ex trotskysta, el ex demócrata-comunista, el ex marxista… casi el ex-Souvarine, ataca la revolución proletaria y a los revolucionarios con una impudicia tanto mayor cuanto menos sabe él lo que quiere. Este individuo gusta y sabe escoger las citas, los documentos, las comas y las comillas, formar expedientes y, además, sabe manejar la pluma. Primero, esperó que este acervo le bastaría para toda la vida; pero bien pronto se vió obligado a convencerse de que además era necesario saber pensar… Su libro sobre Stalin, a pesar de la abundancia de citas y de hechos interesantes, es un autotestimonio de su propia pobreza. Souvarine no comprende ni lo que es la revolución ni lo que es la contrarrevolución. Aplica al proceso histórico los criterios de un pequeño razonador, enojado, de una vez por todas, con la humanidad viciosa. La desproporción entre su espíritu crítico y su impotencia creadora lo corroe como un ácido. De ahí, su continua exasperación y su falta de honradez elemental en la apreciación de ideas, individuos, acontecimientos; todo ello cubierto con un seco moralismo. Como todos los misántropos y los cínicos, Souvarine se siente orgánicamente atraído por la reacción.
