El caballero de la carreta
El caballero de la carreta Meleagante ve las manchas de sangre en el lecho de la reina. Por otra parte, las heridas de Keu, que duerme en la misma sala, se han abierto durante la noche, y también están ensangrentadas sus sábanas. El felón extrae sus propias conclusiones, acusando a Ginebra y a Keu de adulterio. El senescal lo niega, y está dispuesto, a pesar de su debilidad, a probar su inocencia con las armas en la mano. Pero la reina ha mandado llamar a Lanzarote. Él será el encargado de lavar el honor de su dama. Ambos rivales juran por las reliquias de los santos lo que pretenden evidenciar con su triunfo en el duelo. Combaten. Lanzarote obtiene la victoria una vez más. La intercesión de Baudemagus, a través de Ginebra, salva la vida del felón. Todo queda pendiente, en lo que a un definitivo arreglo de cuentas se refiere, del combate fijado para un año más tarde en la corte de Arturo.
26. La traición del enano (5044-5236)
Lanzarote y un nutrido grupo de caballeros se dirigen de nuevo al Puente bajo el Agua en busca de Galván. A una legua de su destino, aparece un enano que invita a Lanzarote a acompañarle, solo, a un lugar —dice— muy bueno para él. El héroe cae en la trampa: ese enano es un traidor al servicio de Meleagante. Cuando los compañeros de Lanzarote consiguen sacar a Galván del agua en que había caído, no hay rastro ya del que fuera caballero de la carreta.
27. El regreso de los cautivos (5237-5358)