Del album de un cazador
Del album de un cazador Y Yeroféi se bajó del pescante, desamarró un cubo, caminó hasta el estanque, y, cuando regresó, escuchó con considerable placer cómo el agujero del eje siseaba al ser cubierto de agua repentinamente. En el transcurso de unas diez verstas más o menos tuvo que empapar seis veces más el eje recalentado, y la noche había caído hacía ya mucho tiempo cuando regresamos a casa.