Del album de un cazador
Del album de un cazador No sabrÃa reproducir todas sus preguntas, y tampoco es necesario; de nuestras conversaciones extraje una convicción que mis lectores no habrán esperado: la de que Pedro el Grande era un monarca predominantemente ruso en su carácter y en las reformas que implantó. Un ruso se halla tan convencido de su fuerza y de su complexión robusta que no tiene miedo de sobrecargarse de trabajo, le importa poco su pasado, y mira de frente al futuro. Si algo es bueno, le gustará; si algo es terrible, lo rechazará, pero no le importará de dónde haya venido. Su sentido común y su lógica se burlarán del racionalismo superficial de los alemanes; sin embargo los alemanes, en palabras del Turón, eran un pueblo lo suficientemente interesante como para aprender algo de él. Debido a la naturaleza peculiar de su estatus social, su virtual independencia, el Turón mencionó muchas cosas al charlar conmigo que otros no habrÃan sido capaces de sacarle ni con una palanca, o, como decÃan los campesinos, no habrÃa podido moler un grano tan fino ni con la muela del molino. Él, por su parte, comprendÃa perfectamente su situación. Charlando con el Turón escuché por vez primera el dialecto simple e inteligente del campesino ruso. Su conocimiento era extenso, al menos a su manera, pero no sabÃa leer, mientras que KalÃnich sÃ.
—Ese granuja ha aprendido a leer y a escribir —comentó el Turón—, y no se le ha muerto una abeja desde que nació.