Del album de un cazador

Del album de un cazador

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

TATIANA BORÍSOVNA Y SU SOBRINO

Deme su mano, querido lector; y venga conmigo de paseo. El tiempo es hermoso; el cielo de mayo reluce con un suave azul; las hojas jóvenes y suaves del sauce refulgen como si acabaran de lavarse; el camino ancho y bien cuidado está enteramente cubierto por esa hierba corta de tallos rojos que las ovejas adoran mascar; a izquierda y derecha de los alargados desniveles de las colinas bajas, el centeno verde se balancea con la brisa, en silencio; las sombras de las nubes pequeñas lo cruzan como manchas de humedad. En la distancia brillan los bosques umbríos, destellan los estanques y se destacan las aldeas amarillas; las alondras se alzan en centenares, cantan y planean en ángulos atrevidos y, estirando sus pequeños cuellos, se las ve en pequeños salientes de tierra; los grajos se detienen en mitad del camino a observarnos, se agachan para dejarnos pasar, dan un par de saltitos y se alejan volando pesadamente hacia un lado. Sobre un promontorio más allá de un valle hundido, un campesino ara la tierra; un potro gris de manchas blancas, cola corta y crin revuelta, corre sobre patas inseguras detrás de su madre, se oye su agudo relincho. Nos adentramos en un bosque de abedules; el aroma fresco y fuerte deja sin respiración. Estamos en las lindes de una aldea. El cochero se apea, los caballos resoplan, los laterales miran a su alrededor y el rocín central menea la cola y apoya la cabeza contra el arco del arnés… la verja se abre con un crujido ruidoso. El cochero vuelve a su asiento… ¡nos ponemos en marcha! La aldea está frente a nosotros. Pasamos junto a unas cinco casas, giramos a la derecha, descendemos a una cañada y cruzamos la presa. Más allá de un pequeño estanque, por detrás de las redondeadas copas de manzanos y lilas, se ve un tejado de madera antaño pintado de rojo, y dos chimeneas; el cochero elige un camino a la izquierda cercano a una valla, con la compañía de los ladridos roncos y ruidosos de tres perros muy viejos, entra por las verjas abiertas, se lanza hacia una parcela amplia más allá de los establos y los graneros, hace una reverencia picara a una vieja ama de llaves que acaba de entrar de lado por un umbral elevado hacia la despensa abierta, y por fin se detiene frente a la entrada de una casita oscura con ventanas relucientes… Hemos llegado al hogar de Tatiana Borísovna. Y ahí está ella misma, abriendo la ventanita y saludándonos… ¡Hola, tía!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker