Del album de un cazador
Del album de un cazador Incliné la cabeza en señal de asentimiento. Volvimos a guardar silencio.
—Ayer Panteléi Yereméich cazó dos liebres —comenzó de nuevo Nedopiúskin, no sin hacer un terrible esfuerzo, evidentemente intentando animar nuestra conversación—. Eran enormes, realmente grandes.
—¿Posee buenos perros el señor Chertopjánov?
—¡Excepcionales, señor! —exclamó Nedopiúskin con alborozo—. Uno podrÃa decir que son los mejores de toda la provincia. —Se acercó a m×. ¡Qué hombre, señor! ¡Panteléi Yereméich es una persona tan buena! Todo lo que quiera o lo que se le ocurra… ¡Se hace inmediatamente a la perfección! Panteléi Yereméich, qué personaje…
Chertopjánov entró en la habitación. Nedopiúskin sonrió, dejó de hablar y dirigió mi atención con su mirada hacia él como si quisiera decir: ¡vea usted mismo! Comenzamos a hablar sobre la caza.
—¿Le importarÃa que le enseñase mi jaurÃa? —preguntó Chertopjánov y sin esperar mi respuesta llamó a Karp.
Entró un tipo robusto, con un caftán verde de cuello azul y botones de librea.
—Dile a Fomka —dijo Chertopjánov sin dar rodeos— que saque a Ammalat y a Saiga, y hazlo ahora mismo, ¿entiendes?