Del album de un cazador
Del album de un cazador … Y comenzó a sentir cómo / le llamaba de vuelta: la aldea, el jardín oscurecido / donde los tilos son grandes y umbríos, / y los lirios del valle huelen a muchacha, / donde los sauces redondos se desploman sobre el agua / todos en fila, / donde los enormes robles crecen sobre el trigo, / donde huele a cáñamo y a ortigas… / a lo lejos, a lo lejos, en los campos profundos, / donde la tierra es tan grande como el terciopelo, / donde el centeno, donde quieras que mires, / se extiende en suaves hondonadas. / Y los pesados y amarillos rayos del sol se desprenden / desde las nubes redondas y blancas; / Se está bien allí… (De un poema entregado al fuego).
El lector, tal vez, esté cansado de mis notas, pero me apresuro a calmar sus miedos con la promesa de que van a limitarse a los extractos impresos; y aun así, antes de despedirme, debo decir unas cuantas palabras sobre el deporte de la caza.
