Cartas de amor
Cartas de amor Pero entonces… todo está mal. Y desde este preciso instante no volveré a irritarme, ni una sola vez. Aceptaré la situación, y siguiendo el sermón que me enviaste, diré: «Sea hecha la voluntad de Dios». Es fácil decirlo acerca de algo tan insignificante, pero ¿podría decir lo mismo acerca de cosas de la vida real? Eso espero. No lo sé. No se puede opinar antes de intentarlo.
Buenas noches, Livy. Me alegra haberte pedido que guardes este absurdo y largo escrito para ti, mi amor. Escribirlo ha sido para mí mejor que la medicina; y la razón por la que no rompo la carta es que creo que nos conocemos lo suficiente como para no malinterpretarnos, y nos queremos lo suficiente como para soportar la debilidad y la insensatez, e incluso la maldad (por mi parte). (No podría referirme a ti con estos rudos términos, pues no me parecería natural; y entonces mi frase no tendría sentido). (Pero te quiero lo suficiente como para soportar esas cosas en ti, si las viera).
Y envío esta carta, que rompería si fuera para cualquier otra persona, sin dudarlo ni un segundo. No te vas a burlar ni te vas a enfadar por ninguna de las cosas que mi desordenada cabeza ha formulado en sus medio coherencias. Gracias por el libro, por el sermón y por los apuntes de la Biblia.
Buenas noches. Dios y sus ángeles buenos cuidan de ti, mi amor.
SAM