Cartas de amor
Cartas de amor Mi niña, creo que al final tendré que obedecerte… No veo ninguna forma fácil de hacerlo sin tener tus dedos entre mi pelo. Asà que ahora mismo disminuiré drásticamente todo lo que me une a este periódico matutino. Por supuesto, no se tardan diez o doce horas en escribir estas veinte o treinta páginas del manuscrito, cariño, pero se tarda bastante en leer por encima este montón de intercambios, porque de vez en cuando uno se interesa y se para a leer un poco a ver si merece la pena copiar el artÃculo. También están las numerosas interrupciones de los visitantes… Y hay que hacer las correcciones, y muchas pequeñas cosas que ocupan tiempo… Pero es algo sencillo, ameno, muy agradable, y nunca nada me ha gustado tanto. Estoy muy agradecido al Sr. Langdon quien, con su serenidad, pensó en Buffalo cuando nosotros, con nuestras mentes pasionales, no podÃamos pensar en otro sitio que no fuera Cleveland. (Antes de que se me olvide, dile que recibà su transferencia ayer, aunque por supuesto nunca la habrÃa necesitado, pues creo que Ella no se atreverÃa a escribir y publicar artÃculos acerca del nombre de él, y de lo que estoy seguro es que yo no lo harÃa). Como puedes ver, a pesar de lo mucho que trabajo, muy pocas cosas pueden apreciarse a simple vista y el trabajo, visible o invisible, no es tan arduo como para pasarlo mal. Simplemente estoy [funcionando] trabajando hasta tarde estos primeros dÃas hasta que los reporteros se acostumbren y se adapten a hacer las cosas a mi manera… Después, bastará con una pequeña supervisión para que mantengan el estilo. Sólo quiero educarles para que modifiquen los adjetivos, reduzcan las reflexiones filosóficas y omitan la jerga. He tenido consultas con el supervisor de la sala de prensa durante dos dÃas para mostrarle cómo quiero que se haga la composición tipográfica; y esta mañana ha conseguido que mi plan esté en pleno funcionamiento y parece que el periódico está mejorando mucho. He acabado con todos los deslumbrantes y atronadores tÃtulos sobre las noticias telegráficas y he hecho que este departamento parezca tranquilo y respetable. A partir de ahora, una vez cada dos meses, cuando no pase nada relevante, un espléndido despliegue de tÃtulos atraerá inmediatamente la atención; porque cuando se usan todos los dÃas, pierden rápidamente toda su fuerza. No nos sorprende oÃr a un borracho alborotador profiriendo improperios, porque lo hace muy a menudo… Pero cuando oÃmos a un clérigo formal diciendo un exabrupto, sabemos que eso quiere decir algo.