Cartas de amor
Cartas de amor Querida Livy, quizás no tendría que haberte contado lo del viaje de Charlie, y sin embargo por otro lado sí que debía hacerlo, pues debemos empezar a hacer algo por ese chico. Ya va siendo hora para él de dejar de ir de flor en flor (aunque no dejará de revolotear todavía durante seis u ocho años, a menos que se case antes). Si se va a casar dentro de un año, no hace falta preocuparse, pero hacen falta otras cosas. Sólo hay una característica molesta en él, y es su predisposición a desobedecer los deseos de su padre aprovechando su ausencia. La mayoría de los chicos hace eso, por lo tanto no es peor que los de su clase; pero la mayoría de los chicos no debería hacerlo, pues es una mala base sobre la que construir. Creo que lo mejor será decirle a Ida que lo reforme. A juzgar por mi experiencia, energética y persistente supervisora mía, si [algo] alguien puede cambiar su comportamiento, es la persona querida que ha anidado en su corazón. Hace dos meses le di a Charlie un bochornoso sermón acerca de este defecto suyo, y me prometió en serio que cambiaría… Pero necesita [un sermón] un recordatorio cada día, de lo contrario seguro que volverá a caminar sin rumbo. Siento haber entristecido a mi amada con esto. No estés triste, cariño mío, al final Charlie saldrá bien parado. Si Charlie fuera mejor chico de lo que es, sería un prodigio anormal. No esperemos cosas extravagantes del muchacho. Es un tipo mejor y más valiente que el noventa y nueve por ciento de los muchachos en su misma situación. Si conocieras a los jóvenes tanto como yo, mi amor, lo sabrías tan bien como yo. Seamos unos jueces traviesos, Livy. Supongo que yo era mejor chico a su edad, pero entonces yo… en fin, yo era una excepción, ya sabes; no se ven hombres como yo todos los días.