Cartas de amor
Cartas de amor He celebrado este dÃa solo, mi amor… De ahora en adelante, si Dios quiere, lo celebraremos juntos. Mi cumpleaños es el martes, y también debo celebrarlo solo, pero no me importa, he adquirido una considerable experiencia en ello.
Twichell me ha dado uno de los libros de Kingsley más aburridos: Hypatia y he intentado leerlo pero soy incapaz. No voy a volver a intentarlo. Pero me recomendó El claustro y el hogar de Charles Reade, lo he comprado y estoy encantado. DeberÃas comprarlo si no lo has leÃdo. Lo leo con un lapicero en la mano, mi amor, pero el libro es tan uniformemente bueno que no encuentro nada que anotar. Sólo tengo la tentación de garabatear «Te quiero, Livy» en el margen, y volver a escribirlo, y seguir escribiendo «Te quiero, Livy… Amo a mi Livy… Adoro a mi amor»… y por Dios, te amo, te amo, te amo, Livy, mi amor. Mi Livy… pero no hay que escribirlo en libros en los que ojos impuros pudieran profanarlo. Asà pues, ya ves, mi amor, que no hay nada que anotar.
Mi preciosa Livy, he recibido todas tus cartas y mi desasosiego ha desaparecido; he recibido cuatro en un solo dÃa, ¡menudo festÃn!
Me alegro de que asà fuera, ya que me ha supuesto un enorme placer.
Recuerdo a la Srta. Bateman; cuando la veÃa jugando todos los dÃas en su jardÃn delantero era una pequeña colegiala de doce o trece años de aspecto agradable.