Cartas de amor
Cartas de amor 
NORWICH, N. Y., 12 DE DICIEMBRE [DE 1868]
Querido Twichell: ¡Hip hip, hurra! Ella acaba de «aceptar la situación» del modo más [natural] inocente y calmado del mundo. Me escribió como si hubiera entendido todo el asunto, y no hay duda de que se disgustaría [al descubrir] si hubiera sabido que he estado imaginando algo diferente y que he sido tan idiota como para preocuparme por un primo a quien sólo mencionó de pasada, según contaron los invitados más respetables. Ella no se anda con rodeos. Nunca ha sido capaz de hacerlo. Sencillamente, llama a las cosas por su nombre y trata el terrible tema del matrimonio con el más asombroso atrevimiento. Mi honor me obliga a considerar sus serias disertaciones filosóficas como cartas de amor, porque ahondan en la propia médula de esta pasión, pero no hay ni una pizca de amor en ellas, ni quejas poéticas, ni palabras cariñosas, ni adjetivos, ni lenguaje florido, ni tonterías, ni disparates. Sólo consistentes pedazos de sabiduría, amigo mío; cartas de amor escritas siguiendo el irrebatible e inexorable esquema convencional y plano de la mejor correspondencia comercial, y firmadas con una majestuosa y desesperante decencia. «Con cariño, Livy L. Langdon»; todas igual, ¡por el amor de Dios!
