Cartas de amor
Cartas de amor 
LONDRES, SÁBADO POR LA NOCHE,
28 DE SEPTIEMBRE [DE 1872]
Querida Livy, ha sido una noche maravillosa. Hoy he estado en el Guildhall, en la investidura de los nuevos representantes de la Corona, Alcalde y Concejales de Londres. Esta noche he asistido a la gran cena dada por los nuevos representantes de la Corona de Londres a numerosos gremios y agremiados mayores de Londres. Cuando llegué nadie parecía conocerme, de modo que entré recatadamente y tomé asiento, el que tenía asignado. Había muchísima gente en la cena. De acuerdo con la antigua costumbre, un hombre se levantó y pronunció los nombres de todos los numerosos invitados; empezando por el del nuevo representante de la Corona (un cargo muy importante en Londres), pronunció un sinfín de nombres importantes, uno tras otro, que eran recibidos con un respetuoso silencio. Pero cuando llegó a mi nombre, hubo una tormenta de aplausos como no te puedes imaginar. Los aplausos seguían, y no se podía proseguir con la lista. En mi vida me he sentido tan desconcertado, ni me he quedado tan enmudecido, pues me resultó totalmente inesperado. Pensaba que era el más humilde de ese gran grupo de personas con títulos, y resulta que mi nombre fue el único de la lista que provocó ese magnífico halago.