Cartas de amor
Cartas de amor He estado en Oxford un dÃa y medio; si tan sólo pudieras ver este paisaje (entre Londres y Oxford), con su galanura veraniega, te verÃas obligada a admitir que no hay nada, ni siquiera en Nueva Inglaterra, que iguale la pureza de su hermosura, y que no hay nada, salvo en Nueva Inglaterra, que se le parezca, ni remotamente. Y si pudieras ver el césped en los patios de algunas universidades y la parra virgen que derrama su catarata verde, dorada y carmesÃ, dejándola caer por la pintoresca y vieja torre gótica del Magdalen College… desde lo más alto de su cúspide cae desbordándose, por encima de unas ventanas apuntadas, unas estatuas en ruinas y unos grotescos rostros de piedra que prorrumpen de la pared; es un generoso, elegante y precioso Niágara; y cualquiera que se quede mirándolo perderá seguramente su tren. Ésta ha sido la imagen más encantadora y preciosa que he visto jamás.
Adiós, mis amores, adiós. Adiós, mi amor, adiós. Te quiero.
SAML
P. D. El Sr. Tyler, de Hatch & Tayler, prometió enviarte tu provisión de invierno de carbón, creo que por 7$. PÃdeselo cuando lo necesites.