Cartas de amor
Cartas de amor No les voy a escribir, ni a ninguna de estas referencias, por supuesto, para que su testimonio sea imparcial. También está A. J. Marsh, un reportero del Phonographic, de San Francisco, un amigo íntimo desde hace cinco o seis años; él, su esposa y su familia son absolutamente irreprochables y serían aceptados en cualquier sociedad. Y Frank Gross y su esposa (del Bulletin de San Francisco) y Sam Williams y el Rvdo. Sr. Barlett, del mismo equipo editorial. (Los dos últimos no me conocen tan bien como los demás). También Lewis Leland (creo que es el propietario del Hotel Metropolitan de Nueva York, y si no lo es todavía, no tardará en serlo, si mis fuentes no se equivocan). Hemos sido amigos íntimos durante tres o cuatro años; seguro que conocerá mi carácter natural y mi reputación en San Francisco. Y R. B. Swain y su familia, San Francisco. El Sr. Swain es superintendente de U. S. Mint y también es uno de los «príncipes comerciales» allí. Es el Schuyler Colfax de la Costa del Pacífico, considerado en todas partes, por ricos y pobres, por Fulano, Mengano y Zutano, como un hombre contra cuya limpia reputación no se puede decir nada. Él, en realidad, no sabe mucho de mí, a pesar de habernos hecho muy amigos últimamente, pero debería saber bastante por su secretario Frank B. Harte (editor del Overland Monthly y [uno de los mejores] el mejor escritor de allí) ya que hemos sido muy amigos durante varios años. Esta mañana he recibido una carta del Sr. Swain que me ha estado siguiendo durante un tiempo. Pienso mucho en él, de otro modo no le escribiría. Usted no siente antipatía hacia los hombres buenos y por eso le ruego que le tenga en consideración.