Cartas de amor
Cartas de amor Bueno, pues no habÃamos avanzado más que unas millas, cuando resultó que ese hombre, confundido por los estúpidos nombres de las estaciones (las dos tenÃan la palabra Boston en su denominación) iba en el tren equivocado; por lo que su billete no valÃa, debÃa bajarse en la siguiente estación, volver y esperar, etc. Asà que llamé al revisor, pagué el precio del billete de aquel hombre para Boston y cogà el suyo. TenÃa dos dÃas de uso; caducaba pues esta noche. Era un billete «limitado»; de segunda clase. Pero lo que querÃa decirte es que, habiéndome interesado por los rostros de aquellas personas, y con la atención absorta, habÃa aceptado de forma natural el que no hubiese vagón de primera clase cuando me subà al tren, y en ningún momento se me ocurrió comprobar por la ventana si lo habÃa… sino que aguanté valientemente durante 4 horas, en un mugriento vagón para fumadores; al final, cuando me encontré de pie en la estación de Springfield y el tren del que me habÃa bajado partió, me di cuenta de que se componÃa de un sinfÃn de vagones. Asà que maldije a aquellos extranjeros. Pero ahà estaba Osgood.
Te quiero, cariño
SLC