Cartas de amor
Cartas de amor Querida Livy, estamos avanzando río arriba a gran velocidad, y el viernes espero tener una carta tuya esperándome en St. Louis. Fue un auténtico placer recibir la amable y larga carta de tu parte justo antes de dejar Nueva Orleans. Anoche me fui a la cama un poco después de medianoche, me he levantado a las cuatro y he estado en la timonera con una niebla bastante espesa hasta la hora del desayuno. El denso follaje se veía hermoso entre la niebla. Cada vez que hacíamos un cruce de luces, dejábamos de ver tierra durante unos minutos, y luego, las grandiosas arboledas, como unos débiles y transparentes espectros, aparecían de nuevo a la vista. No parecían árboles reales sino espíritus de árboles. Cuando estábamos más cerca, es decir a 600 yardas, el reflejo de los árboles (que estaban sobre el inundado terreno) en el agua brillante se veía más marcado y oscuro que los propios árboles. Ayer por la tarde cayó una repentina y agradable tormenta: fuerte viento, cielo azul oscuro, escalofriantes olas blancas, enormes sábanas de aguaviento, asombrosos estallidos de relámpagos, y un exaltador cañoneo de truenos. Y después del temporal, un par de arcoíris y los igualados rayos del naufragante sol convirtiendo las colinas de Natchez en una especie de conflagración teñida de verde. Era parecido al efecto que tenemos en casa con el sol de la tarde; y me lo imaginé brillando sobre vosotras, mis amores, durante la cena, y glorificando a Emmaline[32] y a los muros dorados de la biblioteca.