Cartas de amor
Cartas de amor Querida Livy, estamos en el Lago Pepin, a 80 o 90 millas de St. Paul, adonde llegaremos antes del desayuno si no hay ningún imprevisto. Entre los pasajeros hay una familia miserablemente pobre y desharrapada de camino a las estepas del Noroeste (uno de los nuevos territorios), allá a lo lejos, en las remotas tierras salvajes. El hombre y su carreta tenían pasaje en cubierta (de tercera clase), y a su mujer y a sus cinco niños pequeños les permitieron la entrada en el camarote de mujeres, por gentileza, porque no quedaba sitio en la cubierta. La mujer se veía cansada y mísera. Había dormido dos noches en un pequeño sofá y sus hijos en el suelo del camarote; todos sin almohadas ni mantas; y anoche hizo mucho frío… Esta mañana cogí 5$ de Osgood y 10$ míos y se los di a una señora para que se los entregase a esa mujer, que se alegró mucho, por lo que me comentó la señora. Después me di cuenta de que comían en cubierta y de que, por supuesto, no tenían nada caliente ni nutritivo para alimentarse; así que le dije al Oficial Mayor que los acomodara en la segunda mesa del camarote y que lo cargara a mi cuenta. Estuvieron ahí al mediodía y por la tarde, para la comida y para la cena, y comieron como muertos de hambre. Después, la mujer me abordó y me preguntó si era yo quien había pagado sus comidas; me dio las gracias y rompió a llorar. Ahora (a las nueve) están todos profundamente dormidos en sofás, pero me he dado cuenta de que mi interés hacia ellos ha tenido un buen resultado, pues ahora todos disponen de almohadas y mantas.