Cartas de amor
Cartas de amor Hemos cenado y hemos estado toda la noche con Tom Nast y su familia, y me lo he pasado estupendamente. He dormido en la habitación de su hija mayor, la Srta. Julia Nast, de 20 años… la habitación más admirable en la que nunca he estado; un curioso e inmenso museo. No se podÃa ver ni una pulgada de ninguna de las cuatro paredes; todas cubiertas por cuadros, fotografÃas, grabados, más fotografÃas, postales de Navidad, abanicos, estatuillas, cachivaches y baratijas de todo tipo de metales: pequeñas baldas por todas partes, con todas las bonitas y delicadas cosas imaginables, apiñadas sobre ellas y colgando de ellas; la más increÃble variedad de bagatelas baratas e interesantes que jamás ha sido amontonada entre cuatro paredes en este mundo. Tardé una hora en desvestirme, y otra hora en vestirme, porque mis ojos estaban demasiado ocupados y las nuevas sorpresas eran constantes y muy atractivas. Esta mañana me pidió que le pusiera un nombre a su habitación, le dije que la llamara «La Desesperación de Cesnola»[35]. Me gustarÃa ver la habitación de Susie decorada de esta forma. Es fácil, y lleva años: cada vez que consigas una nueva baratija, ponÃa en la pared con una chincheta. A ojo dirÃa que hay 3000 hermosos detalles en la habitación de Julia Nast. Puede que no costaran más de 3000 monedas de diez centavos, pero vale veinte veces más la pena mirarlas a ellas que al dinero.