Cartas de amor
Cartas de amor 
EN EL TREN, 3 DE DICIEMBRE DE 1884
Hemos llegado a Albany al mediodía, un representante de las autoridades vino a nuestro encuentro y nos dijo que el Gobernador Cleveland había expresado su gran deseo de visitarme, porque quería conocerme. Así que en cuanto hubimos comido, aquel hombre, y algunos escoltas adicionales, nos condujeron en dos calesas hasta el Capitolio, y mantuvimos una alegre, agradable y corta charla con el Presidente electo. Se acordaba bien de mí, me había visto a menudo en Buffalo, pero yo no lo recordaba a él, por supuesto, y no le dije lo contrario. Tenía que reunirse con los electores en un banquete, por la noche, y lamentó mucho no poder asistir a la conferencia. Le dije que si él ocupaba mi lugar en la tarima, yo iría al banquete en su lugar: pero él contestó que eso sería algo injusto, pues el público de la conferencia resultaría muy decepcionado. Entonces me senté sobre cuatro timbres eléctricos a la vez (como solían hacer los gatos en la granja) y cité cuatro páginas que no tendrían ninguna utilidad para nadie.
Nos reunimos todos en el Capitolio, que es un palacio, y conocí a muchos altos funcionarios del Estado; luego fuimos a la Cámara del Senado y vi el principio de la ceremonia del solemne recuento del voto electoral del Estado de Nueva York para Presidente de los Estados Unidos.