Cartas de amor
Cartas de amor 
EN EL TREN, 20 DE FEBRERO DE 1885
¡Ay, mi amor, si tan sólo pudieras estar hoy conmigo! ¡Nunca, nunca, nunca habÃa visto un dÃa de invierno más maravilloso! Hemos estado bordeando el Lago Champlain durante una o dos horas, y el paisaje es tan divinamente hermoso que resulta imposible describirlo con palabras. Se ven millas y millas más allá de la helada superficie de nieve blanca del lago, cubierto por el deslumbrante sol y por unas enormes sombras que se deslizan sobre él, y aquà y allá una mota negra sobre la lejana llanura (un trineo), y allá, en la más lejana orilla, se yergue gradualmente una oscura y contemplativa cordillera de montañas, que desaparece en medio de una irregular y plomiza cortina de nubes bajas.
Ahora hemos dejado atrás el lago y estamos entre granjas de relieve ondulado, con los vallados cubiertos hasta arriba por un manto de nieve del más cegador blanco, y por todas partes a lo lejos se elevan unas escarpadas montañas moteadas por las oscuras manchas de los bosques y los espumosos campos de nieve, todo ello difuminado y enriquecido por una niebla púrpura…, y allà surgen ¡las cumbres de la montaña! Aparecen tan borrosas y espectrales, allà arriba en el cielo, que es como si las vieras a través de un velo de lluvia de verano.
He enviado un trineo para las niñas. Más vale que no intenten usarlo hasta que yo llegue.
