Cartas de amor
Cartas de amor Mi queridÃsima Livy: Sencillamente me ha encantado tu carta que he recibido esta mañana. Nos hemos olvidado del extracto, pero acabo de escribir a la Sra. Fairbanks y ella me lo enviará a fin de prepararlo para la publicación. Livy, tu carta era tan natural y tan… como tú… ¡Ojalá pudiera verte! Te regaño tan duramente como puedo por osar quedarte despierta escribiéndome más tarde de las doce. Ahora has ganado, por fin. ¡Y te perdono y te bendigo al mismo tiempo! (Oh, Livy… estás tan presente ahora mismo para mÃ, que me resulta absurdo estar escribiéndote cuando casi alcanzo a besarte la frente con mis labios). Agradezco de todo corazón tus cálidos deseos de Año Nuevo, y ya sabes que yo también te lo deseo. Como es natural, hoy he pensado en ti durante todo el dÃa, como todos los dÃas, y he recordado nuestro Año Nuevo en la casa del Sr. Berry una docena de veces. Lo recordaba perfectamente y le he hablado de ello a la Sra. Fairbanks; y de la arquitectura árabe también. Y también recordaba muy bien que hasta que aquella noche no te fuiste, no habÃa sabido lo que era exactamente un ser encantador. El primer dÃa que te vi en St. Nicholas, tuve que hacer un increÃble esfuerzo para abstenerme de quererte con todo mi corazón. Pero para mi desconcertada mente, fuiste como una aparición bajada del cielo, como algo a lo que adorar, reverentemente y en la lejanÃa; no como una criatura humana que pudiera ser profanada por el amor de una persona como yo. Quizás te parezca un poco extravagante, Livy, pero estoy escribiendo mis pensamientos con sinceridad, conforme van pasando por mi cabeza. Ahora puedes entender por qué te molesto tanto con alabanzas; pues para mà sigues estando tan alejada de todas las cosas creadas que me resulta imposible hablar de ti con un lenguaje insulso y banal; debo reservarlo para la gente insulsa y banal. Livy, no me regañes, deja que rinda el debido homenaje que merece tu valÃa; déjame honrarte más que a todas las mujeres; déjame amarte con un amor que no entiende de dudas ni preguntas; pues tú eres mi mundo, mi vida, mi orgullo, todo lo que para mà vale la pena tener en la tierra. Revélame tus defectos, si los tienes, no me espantarán; nada te arrancará de mi corazón. Livy, ¡si tan sólo supieras lo mucho que te quiero!