Cartas de amor
Cartas de amor Querida Hattie: Me resulta doloroso, diría incluso desgarrador, decirte lo que estoy a punto de decir. Pero tengo que pronunciar estas palabras. Creo que sería un crimen permanecer más tiempo en silencio. Y a pesar de ello, voy a llevar a cabo esta tarea con profunda humillación. Si pudiera lo evitaría. O si fueras una mujer desamparada. Pero hay que hacerlo. Me entristece decir que ha habido un error. No he entendido a mi propio corazón. Después de seguirte durante semanas como si fuera tu sombra, después de suspirar por ti, de pasear en coche contigo, de contemplar cosas inefables de ti; después de soñar contigo noche tras noche y de jugar al solitario contigo día tras día; después de alegrarme con tu llegada y de apenarme con tu partida, pues toda la luz del sol parecía irse contigo; después de arder en deseos por ti hasta tal punto que durante dos días únicamente me alimenté de ti; después de anhelarte y desearte y deleitarme con tu única presencia; y después de escribirte veinte cartas a doble franqueo, ¡he aquí que al final despierto y descubro que, después de todo, no eras tú! Nunca en mi vida había estado tan sorprendido. Nunca podrás creer que la Srta. Langdon está en tu lugar; y te doy mi palabra de honor de que así es. No te estoy gastando una broma, mi última diosa; hablo en serio. Estas palabras te romperán el corazón… Creo que lo harán… ¡Ay! Sé que lo harán… Pero si no fuesen en contra de tus deseos, sería el Sr. Langdon quien daría pena, no tú. Un corazón roto no te hará retroceder en absoluto.