Cartas de amor
Cartas de amor Pero ¿sabías que sigo sin entender la reticencia de Charley? Solía escribirme muy lealmente. Pero la verdad es que nunca ha contestado a ninguna de esas veinte cartas. Nunca. Sin embargo, la dureza de corazón no me afecta. Soy muy clemente. Mucha gente habría cortado totalmente la correspondencia al sentirse herida, pero yo le perdono; le perdono y le seguiré escribiendo todos los días como hasta ahora. Sin duda le ablandaré al cabo de un tiempo. Si estas cartas se han vuelto monótonas para Charley y han dejado de interesarle, me apenaré, me apenaré verdaderamente, pues no conozco ningún otro modo para escribir «Señorita Olivia L. Langdon; Presente», excepto éste. Si pudiera escribirlo de forma que le conmoviera, lo haría sin dudarlo.
Mi pobre Víctima, ¿estás bien? ¿Cómo está tu demacrado rostro? ¿Qué estás tomando para mejorar? Prueba el «S. T. 1860 X». ¿También tienes ojeras? ¿O más bien se trata del grito en tu boca? Lo siento mucho por ti, mi marchita flor.
Y después supongo que desaparecerás; todos lo hacen, es inevitable; y después morirás, junto con la Dulce Lily Dale, la Dulce Belle Mahone y el resto de la tribu. Y habrá unas cuantas viejas canciones espantosas y mareantes acerca de ti y del lugar donde preferirías estar, y todo ese tipo de disparates. Sé sensata y no lo seas.