Cartas de amor
Cartas de amor Hall sigue sin entender por qué sus actos no convierten a Whitford en su enemigo, y sigue haciéndose reproches y acusándose de traición. ¿Tonto? Es igual de tonto que un renacuajo. En su mente, ni siquiera se preguntaba a quién le debía esa lealtad: se la debía al banco de Whitford porque W. le había procurado favores allí. No te la debía a ti, que has hecho bastante más que eso. Dejó asombrados a los abogados…, por lo visto era el primero de su especie con el que se habían topado. Hoy Hall está feliz como un niño…, y parlotea como tal.
Espero que todas vosotras hayáis ya conocido a la Sra. Duff y a la Srta. May[54]. No hay muchachas mejores que ellas; que yo sepa. Estoy comiendo sus almuerzos por ellas durante su ausencia.
Te quiero, cariño.
SAML