Cartas de amor
Cartas de amor «¿Qué? ¿Sin ninguna concesión a cambio? No lo permitiremos, de ningún modo. Ella no es parte en estos asuntos. Sus bienes, que sólo a ella pertenecen, han sido [legítimamente] legal y moralmente adquiridos, y aunque tenga derecho a devaluarlos si así lo decide, no esperen ustedes que le aconsejemos que lo haga. Eximir a su marido (que no posee nada en el mundo) de sus obligaciones, a cambio del uso temporal de algunos de sus derechos de autor…, esta propuesta sí que se podría considerar; pero regalar los haberes a cambio de nada, ni pensar».
Al principio me resultó condenadamente difícil referirme siempre a «los libros de la Sra. Clemens», «los derechos de autor de la Sra. Clemens», «las acciones de la Sra. Clemens en la máquina compositora», etcétera; pero era necesario hacerlo, y al rato le cogí el truco. Incluso era capaz de decir con seriedad: «Mi mujer tiene dos libros sin acabar, pero no puedo decirles cuándo va a terminarlos, ni dónde los publicará cuando lo haga».
En una de éstas, el Sr. Paine me dijo:
«Sr. Clemens, si accediera usted a que nos quedáramos con Pudd’nhead Wilson…».
«Que yo sepa, mi señora todavía no tiene nada planeado en cuanto a ese libro, Sr. Plaine»…; comprendió la indirecta y rectificó su fraseología.