Cartas de amor
Cartas de amor Cariño, no puedo hacer nada en mi nombre que no apruebe. Creo que no sólo les debemos dinero a estos acreedores, sino también disculpas por no haber podido pagar las facturas cuando vencieron. Cuando paguemos todas estas facturas, cosa que por supuesto haremos, no quiero que los acreedores piensen que hemos actuado con dureza, injusticia, o sin generosidad hacia ellos. Quiero que se den cuenta y que sepan que hemos tratado sus intereses con una seriedad mayor, mucho mayor que con los nuestros propios. Sabes, mi amor, ahora es el momento de que afiances o arruines el buen nombre que te has ganado. No dejes ni por un instante que tu conocimiento de nuestra necesidad de dinero venza a tu sentido de la justicia y de la generosidad. ¡Mi dulce y querido amor! No irás a ignorar mis palabras y pensar que no te comprendo, ¿verdad? Frente a cada propuesta, tendrás siempre en cuenta si yo la aprobaría o no, ¿no es así?
Qué delicada es la mención de tu defensa de Harriet Shelley. Estoy encantada de que haya recibido un merecido elogio. Me gusta mucho. Susy recibió la revista, y esta noche volveré a leer el artículo[56].