Cartas de amor
Cartas de amor Mamá está entretenida con mi pluma, rechazando invitaciones. Y todo porque no te tenemos ni a ti, ni a la Srta. Foote, ni a la Srta. Davis, aquÃ, para disuadirnos de alguna de nuestras estúpidas insensateces, y reemplazarlas por pensamientos sanos…, y, en consecuencia, con entidad. Anoche, regresando de Benarés, cogà frÃo y ahora estoy recluido en el hotel, intentando matar de hambre al resfriado. Asà que, en vez de fiestas en el rÃo, cenas y esas cosas, los tres debemos declinar las invitaciones y quedarnos en casa. Es una verdadera lástima… sÃ, y es muy ridÃculo. Estoy convencido de que los desesperantes catarros y los carbúnculos se deben a una mente enferma, y que vuestra ciencia mental podrÃa ahuyentarlos, si tan sólo os tuviéramos a alguna de las tres aquà para aplicarla. No puedo expresar con palabras lo contento y lo agradecido que estoy de que te hayas convertido a esa racional y noble filosofÃa. Aférrate a ella; no dejes que nadie te disuada. De todas las riquezas de la tierra, ésta es la mejor y la que más enriquece a quien la posee. En ParÃs siempre pensé que si regresabas a América y estudiabas esa metodologÃa con tu claro entendimiento, sabrÃas ver su verdad y estarÃas a salvo…, para siempre a salvo de las enfermedades que amenazan la vida convirtiéndola en una carga. ComunÃcales mi agradecimiento a la Srta. Davis y a la Srta. Froote… Tengo una deuda con ellas que excederÃa los lÃmites de mi vocabulario, y aun asà quedarÃan 9/10 partes por pagar.