Cartas de amor
Cartas de amor 
GROSVENOR HOTEL, NUEVA YORK,
20 DE SEPTIEMBRE DE 1903, POR LA NOCHE
Mi querido, querido amor, llevo varios dÃas pensando y examinando, rebuscando y analizando, y me enfada descubrir que creo más en la inmortalidad del alma de lo que no creo en ella. ¿Es esto innato, instintivo, inextirpable e indestructible? Puede que sÃ. Voy a quitármelo de la mente. No es que me oponga a ser inmortal, lo que pasa es que no sé cómo abordar este pensamiento, ni cómo darle la bienvenida. En cuanto a qué hay que hacer con él…, bueno, por eso no me voy a preocupar, tendrá que encargarse él de sà mismo. Por lo menos a mà no me abrumará, porque no voy a dar pie a pensar que el desastre guarde relación con él. De hecho, en el fondo, nadie lo cree; ni siquiera los religiosos que lo predican.
No pude llamarte desde la estación antes de partir, de lo contrario te habrÃa mandado mi amor y otra despedida; después te escribà una nota en una tarjeta, y me di cuenta de que eso no te llegarÃa, por lo menos hasta un dÃa después. Asà que pasé una media hora infructuosa.
Localizaré a Ben. ¿No te gustarÃa verla? Ojalá pudieras hacerlo. Pero tienes a Jean y a la tÃa Sue, y eso es mucho.
Querida Livy, te quiero mucho y te adoro.
