Cartas de amor
Cartas de amor A pesar de que esta mañana me llamaron muy temprano y me arruinaron definitivamente el sueño, no me levanté hasta las 10 o más; entonces el Sr. y la Sra. E habían subido a la ciudad. La Señorita Allie puso la mesa para mí y me hizo compañía; y realmente deseaba que tú estuvieras en su lugar, pero no se lo dije hasta que me hubo dado mi segunda taza de café. Dice que a las camareras nunca les hacen gracia los desayunos tardíos, excepto cuando son para mí; y dicen que les alegra oír que voy a venir y que les encantará hacer cualquier cosa por mí en cualquier momento. ¿No es eso maravilloso? Porque ya sabes que cuando los camareros me demuestran su buena voluntad, es una buena voluntad paciente, muy sufrida y sincera, porque necesariamente debido a mi canallesca y atípica forma de ser, soy una molestia para ellos. Pero cuando nos casemos terminarás con todas mis rarezas, me civilizarás y harás de mí un esposo ejemplar y un regalo para la sociedad, ¿no es así, mi querida e inigualable mujercita? Y tú serás la más querida y la mejor mujercita del mundo entero, y seremos más felices que ningún soltero del mundo, sea cual sea su circunstancia. ¡Que ese día llegue pronto! Amén.