Cartas desde la Tierra
Cartas desde la Tierra Asà fue pues que Dios expulsó a Adán y Eva del ParaÃso terrenal, y por lo tanto los asesinó; y por el simple motivo de que desobedecieron una orden que Él no tenÃa ningún derecho de dar. Pero la cosa no paró ahà como verán. Dios tiene un código moral para Sà mismo y otro muy distinto para sus hijos. Les exige a éstos que traten con justicia y con suma bondad a los pecadores y que les perdonen no una vez sino setenta veces siete: pero Él no trató a nadie con bondad ni con justicia. No perdonó ni siquiera el primer pecadito a esa parejita de jóvenes inexpertos, tranquilos e inocentes. Hubiera podido decirles: «Por esta vez no los voy a castigar, los voy a poner a prueba nuevamente».
¡Qué va! Al contrario, decidió castigar incluso a los hijos de ellos por toda la eternidad, por una culpa trivial cometida por otros mucho antes de que ellos hubieran nacido. Y todavÃa los sigue castigando. ¿Con suavidad? Claro que no; de una manera atroz.
Ustedes pensarán naturalmente que un ser que se porta como Éste, no debe de ser muy amado entre los hombres. Ni se lo imaginen: el mundo lo llama Justo, Virtuoso, Bueno, Clemente, Bondadoso, Compasivo, Aquél que más nos ama, Fuente de toda verdad y de toda moral. Y semejantes sarcasmos se repiten todo el dÃa por el mundo entero, pero no son sarcasmos deliberados. No, los dicen con toda seriedad y los pronuncian sin una sonrisa.