Cartas desde la Tierra
Cartas desde la Tierra Noé comenzó a seleccionar animales. Debía haber una pareja de cada especie de criatura que caminara o se arrastrara, nadara o volara, en el mundo de la naturaleza viviente. Sólo podemos deducir el tiempo empleado y su costo, pues no hay registro sobre estos detalles. Cuando Símaco hizo los preparativos para iniciar a su joven hijo en la vida adulta de la Roma imperial envió hombres a Asia, África y a todos lados a cazar animales para las luchas en el circo. Tres años emplearon esos hombres en reunir los animales y llevarlos a Roma. Sólo cuadrúpedos y yacarés, ya se sabe —nada de aves, serpientes, ranas, gusanos, piojos, ratas, pulgas, garrapatas, arañas, moscas, mosquitos—, nada más que los simples cuadrúpedos y los yacarés comunes; y ningún cuadrúpedo excepto los que luchaban. Y, sin embargo, fue como les dije: llevó tres años reunirlos, y el costo de los animales y el transporte y la paga de los hombres sumó cuatro millones y medio de dólares.
¿Cuántos animales? No lo sabemos. Pero fueron menos de cinco mil, pues ése fue el mayor número que se alcanzó para los espectáculos romanos, y fue Tito, no Símaco, quien lo logró, comparados con lo que se comprometió a hacer Noé. En cuanto a aves y bestias y seres de agua dulce tenía que reunir ciento cuarenta y seis mil clases; y de insectos más de dos millones de especies.
