Cartas desde la Tierra
Cartas desde la Tierra Constipación, oh constipación, Este alegre sonido proclama. Hasta en las recónditas entrañas del hombre El nombre del Hacedor alaba.
Las incomodidades del Arca eran muchas y variadas. La Familia tenía que convivir con una multitud de animales, y respirar el hedor que causaban y ensordecerse noche y día por el ruido fragoroso que producían sus rugidos y sus chillidos. Agregados a esas incomodidades intolerables, el lugar era especialmente difícil para las mujeres, porque no podían mirar en ninguna dirección sin ver a miles de animales multiplicándose y repoblando. Y luego, estaban las moscas. Se amontonaban por todas partes, y perseguían a la Familia todo el día. Eran los primeros animales en despertar, y los últimos en caer dormidos. Pero no debía matárselas, ni lastimárselas, eran sagradas, su origen era divino, eran las favoritas especiales del Creador, sus tesoros.
Con el tiempo otros seres se distribuirían por distintos lugares, dispersados, los tigres fueron destinados a la India, los leones y los elefantes a los desiertos vacíos y a los lugares escondidos de la jungla, los pájaros a las regiones ilimitadas del espacio vacío, los insectos a uno u otro clima, según la naturaleza y las necesidades; ¿pero, y la mosca?