Cartas desde la Tierra
Cartas desde la Tierra —El tigre, sÃ. La ley de su naturaleza es la ferocidad. La ley de su naturaleza es la Ley de Dios. No puede desobedecerla.
—¿Entonces al obedecerla no comete falta alguna, Divino?
—No, no tiene culpa.
—Esa otra criatura, ésa que está allÃ, es tÃmida, Divino, y sufre la muerte sin resistirse.
—El conejo, sÃ. Carece de valor. Es la ley de su naturaleza, la Ley de Dios. Debe obedecerla.
—¿Entonces no se le puede exigir que contradiga su naturaleza y se resista, Divino?
—No. A ningún animal se le puede obligar, honestamente, a contradecir la ley de su naturaleza, la Ley de Dios.
Transcurrido un largo tiempo y formuladas muchas preguntas, dijo Satanás:
—La araña mata a la mosca, y la come; el pájaro mata a la araña, y la come; el gato montés mata al ganso; todos se matan unos a otros. Son asesinatos en serie. Hay aquà multitudes incontables de criaturas y todos matan y matan, todos son asesinos. ¿No son culpables, Divino?
—No son culpables. Es la ley de su naturaleza. Y siempre la ley de la naturaleza es la Ley de Dios. Ahora, ¡observad, contemplad! Un nuevo ser, la obra maestra: ¡el Hombre!
